MAR DEL PLATA AL “ALCANCE DE TODOS”

GRACIELA ZUPPA

Zuppa, Graciela (coordinadora).  Bajo otros soles, Mar del Plata, EUDEM, 2012. Capítulo 1.

Mar del Plata se funda en 1874 y, casi simultáneamente, comienza la construcción de la imagen inaugural ligada a las primeras intervenciones urbanas como los espacios para encuentros, los hoteles y los paseos, todos alejados del contacto directo con el agua de mar. Para recibir a los visitantes, la ciudad consolida su equipamiento a través de la conjunción de esfuerzos particulares y de instituciones locales. No importó la distancia de 400 km desde Buenos Aires, por el contrario, este recorrido se manifestó como un singular acicate que favorecía el incremento del movimiento de veraneantes, condición que superaba cualquier inconveniente en el traslado.

Con la llegada del ferrocarril en 1886, se generaron algunas gestiones para mejorar las instalaciones costeras y, como consecuencia de estos emprendimientos, se concibieron las primeras formas de promover el sitio. La ciudad se extendió no sólo por el aumento progresivo del conjunto de su población sino, también, por los servicios proporcionados para acondicionar y acrecentar la capacidad de alojamiento. En concordancia con estos emprendimientos, la prensa argentina contribuyó a difundir, dentro y fuera del país, las características del balneario.

Mientras tanto, Pedro Luro, un eficaz empresario afincado en el lugar, ideaba la conformación de una sociedad de veraneantes con el fin de reunir fondos para la construcción de un hotel. El proyecto se materializó a través de la creación de la “Sociedad Anónima Bristol Hotel” que inauguró, en 1888, el establecimiento con 67 habitaciones, un gran comedor y dependencias complementarias. Muy pronto, esta iniciativa hotelera se erigió en el ámbito preferido por los integrantes de la elite porteña.[1]

Las temporadas de principios de siglo XX se alimentaban con las diferentes mejoras en los espacios de sociabilidad, las prácticas de deportes y los entretenimientos que cada empresario creaba para sus huéspedes. Eran encuentros cada vez más costosos por las características formales y los rituales sociales que demandaban. La prensa advertía en sus páginas estos cambios en el lugar: “No hay duda que el balneario, con tantas bellezas naturales y los impulsos que recibe de sus pioneers, sigue a pasos agigantados imponiéndose como lugar de cita de toda la high-life continental”.[2]

Quienes no contaban con recursos económicos, preferían otras formas de resolver su tiempo de descanso, buscando destinos que demandaran prácticas más acordes con sus posibilidades. El municipio marplatense advierte esta realidad y comienza a elaborar estrategias para atraer a más turistas ampliando, así, el espectro social. Para la década de 1930, las políticas pergeñadas apuntaron a demostrar que el balneario era un lugar para “todos” los que quisieran disfrutar de unas vacaciones en las playas.

Ubicados en este contexto, se indagarán las estrategias publicitarias y propagandísticas que faciliten la comprensión de las características del sitio, con el fin de ofrecer interpretaciones en torno a los cambios en la construcción de la imagen de la ciudad, las representaciones sociales[3] que las sustentan y las expresiones visuales usadas para su transmisión. Para alcanzar tales objetivos, se analizarán los productores de mensajes; las imágenes y los textos escritos que las acompañan; el enlace entre estas dos instancias y la interpretación que se puede generar a partir de su reconocimiento.[4]

Como la imagen dice otra cosa que lo que representa en primer grado, se entiende que la recuperación y la interpretación de las piezas gráficas, elaboradas para la promoción de la ciudad, permiten trazar los rasgos fundamentales del propósito de lograr la transición de un balneario de elite a uno abierto a todos los grupos sociales. Así, el estudio de las sucesivas imágenes de Mar del Plata resulta una empresa que favorece el reconocimiento de estas huellas visibles, atravesadas por una densidad temporal (DIDI-HUBERMAN, 2005) y localizadas en las diferentes campañas que impulsaron las políticas turísticas de gobiernos y entidades privadas, entre 1930 y 1945. 

Genealogía de la imagen de Mar del Plata

La imagen inaugural surge como resultado de una representación de los referentes concretos de la ciudad (el mar, la playa y algunos hoteles) junto a ciertas prácticas del mundo de la sociabilidad (los encuentros, el verse y ser vistos, las fiestas). Los precursores de la villa pensaron y dieron forma a un ámbito para favorecer el tiempo de descanso, el entretenimiento y el placer de contemplar la naturaleza costera; la idea de tomar un baño de mar será un proceso posterior, lento y complejo. Por estas razones, el descubrimiento del lugar, poblado de pequeñas bahías y refugios rocosos sólo determinó, en sus comienzos, la intervención de su territorio para permitir primero la estancia de veraneantes y luego propiciar los baños de mar. Estas características podían aproximarse a las planteadas por otros espacios similares en Europa; así, una guía del viajero francesa de 1860, expresa:

los lugares de baños sobre el océano tienen entre ellos un aire de familia: una playa más o menos arenosa o pedregosa, cubierta de toldos; … no lejos de la playa y lo más cerca posible del mar, el Casino o el lugar de encuentro de quienes vienen a respirar las tibias tardes de verano, las brisas aromáticas del mar, escuchar música, entregarse o liberarse a los placeres de la conversación o de la danza. (MORLENT, 1860)

Esta descripción, antes que referirse a una villa balnearia, plantea el perfil de una villa urbana en la ribera. Hacia la segunda mitad del siglo XIX, la imagen primera de Mar del Plata no se alejaba de estas particularidades.

Imagen 1: Afiche Bristol Hotel, 1899

En el afiche de 1899 (Imagen 1), aparece como protagonista la figura femenina, dispuesta asimétricamente en primer plano, ataviada con traje de calle, con sombrilla y articulada con la palabra “Mar del Plata” a través de un lazo que evoca, junto con la tipografía, los trazos del Art Nouveau. En retroceso y ocupando una horizontal a partir del marco superior, se incluye una fotografía de la fachada del Hotel Bristol, posado sobre el territorio muy próximo a la playa. El texto escrito anuncia la temporada de verano a través de los servicios que se ofrecían en su salón de fiestas y en el “Kiosko”, como conciertos, bailes, cotillón,[5] iluminación y fuegos artificiales. Sobre la base del marco de encierro, otra toma fotográfica muestra el interior del comedor del hotel promocionado. Es importante reconocer que la presencia de la fotografía refleja una técnica novedosa para la época y para el tipo de pieza gráfica como lo es el afiche. La composición en su totalidad revela la ausencia de toda referencia a las prácticas de baño y elabora una imagen que sintetiza las formas sociales más frecuentes y la promoción de un veraneo con servicios de hospedaje.

Las siguientes iniciativas de intervención en la villa, tienden a elaborar mecanismos de embellecimiento con el único fin de hacerla agradable y atractiva para los visitantes. Se construyen nuevos hoteles y ramblas que modifican la ocupación existente.  Progresivamente, una serie de gestiones permitirá el equipamiento de la playa para acompañar y afianzar la calificación de villa balnearia.

Observando los primeros intentos de promoción de la ciudad, se advierten los generados desde el  Partido Socialista local (1919-1929), un partido político moderno que manejaba recursos propagandísticos para sus campañas electorales,[6] motivo por el cual se pudieron trasladar esas mismas prácticas a las acciones vinculadas con la construcción de una nueva imagen para la villa. En cada temporada se pensó el llamado de visitantes no sólo a través de piezas gráficas sino, también, a través del periódico semanal El Trabajo. En el espacio destinado para el debate de las políticas a construir, comenzó a consolidarse la idea de pensar en un ámbito para más turistas, menos privilegiado y con el objetivo de conducir todos los esfuerzos para lograr la apertura del lugar a otros grupos sociales. Estas ideas tradujeron el reconocimiento de la ciudad como estación balnearia y el intento de modificar el carácter exclusivista madurado a partir de la llegada, a fines del siglo XIX y principios del XX, de los veraneantes porteños. Muchas de las gestiones generadas por el Socialismo, como motor del proceso democratizador y modernizador del balneario, no se materializaron como consecuencia de los desencuentros con las políticas provinciales. Sin embargo, quedaron como impulso generador de las políticas posteriores atendidas por las gestiones de la próxima intendencia.

Con la destitución del gobierno del presidente Yrigoyen en 1930, se produjo el acceso al poder de los conservadores, ligados a una minoría favorecida económicamente. La gestión provincial a cargo de Manuel Fresco estuvo acompañada, en el municipio de Mar del Plata, por José Camusso (1934-1940) propuesto por el Partido Demócrata Nacional.[7] Mientras estas nuevas administraciones se consolidaban, se advertía que las consecuencias de la crisis internacional impedían la sustentabilidad y movilidad económica que las distintas empresas del balneario necesitaban para apuntalarse. Por tal motivo, se propulsa un esfuerzo transformador, fundado a través de ideas democratizadoras y con la misión de modernizar la ciudad que, ahora, dirigía su mirada a interesar a más turistas que pudieran aportar recursos revitalizadores a las empresas locales.

Como resultado, se escribieron textos que anunciaban las cualidades del balneario; se ilustraron vistas, prácticas recreativas y las nuevas formas para los encuentros sociales; se promocionaron los hoteles y sus categorías; se mostró la diversidad topográfica y sus formas de acceso. Así, hacia 1930, si se recorría la ribera con un sentido integrador, desde La Perla[8] junto a la loma de Santa Cecilia, hasta el faro enclavado en Punta Mogotes,[9] se podían reconocer playas para todos los grupos sociales y sus particulares modos de relacionarse con la naturaleza. La Perla, al resguardo de la barranca, se definía sin distinciones ni refinamientos porque era modesta y pequeña como para alojar a familias lejos del bullicio y del mundo social más diferenciado, que se convocaba en las playas y hoteles del centro. Luego de serpentear las barrancas en dirección hacia el sur, este recogimiento austero contrastaba con la multitud de bañistas de la playa Popular y los más distinguidos de la playa Bristol y su rambla, lugares donde se congregaban paseantes entre complicidades sociales y puesta en vidriera de sus figuras(Imagen 2).

Imagen 2: Rambla Hotel Bristol

Siguiendo el recorrido a través de la costa y pasando las instalaciones del Torreón del Monje,[10] podíamos encontrar la playa de los Ingleses, espacio que permitía tener una pequeña extensión de arena casi al pie de las viviendas. Ya en cabo Corrientes, se advertía una formación rocosa que se internaba en el mar y que acompañaba hacia el sur el recorte de la costa hasta encontrar una entrante de arena en playa Chica. Más adelante, se presentaba otra más extensa, la de playa Grande, escogida por los grupos distinguidos que, en su desplazamiento hacia el sur, buscaron más intimidad y más cercanía con el Golf Club.

En pocos minutos de camino se llegaba al puerto y su zona comercial, protegidos por dos escolleras que permitían conformar el atracadero de las naves de la Armada y el fondeadero de las embarcaciones particulares en la dársena de los pescadores. Ambos espacios se definían como los ambientes más atractivos para los turistas, seducción determinada por el regreso de lanchas y barcos de altura con el producto de la pesca.

Siempre avanzando hacia el sur y luego de sobrepasar las canteras, una nueva playa se extendía a lo largo de unos cuatro kilómetros, profunda y con suave declive hacia el mar, designada Punta Mogotes, que se inaugura para recibir a quienes preferían más naturaleza y más espacio libre. Así, en toda su extensión, la costa se caracterizaba por las variaciones topográficas y las diferentes posibilidades que ofrecía para la selección del entorno preferido. Este recorrido permitía pensar la ciudad como un lugar de veraneo para diferentes grupos sociales, a la vez de reconocer que podía ofrecer diversos modos de disfrutar el tiempo libre.

En los textos diseñados para propaganda del balneario se proponía rescatar a nuevos protagonistas, pensando con creatividad el cambio de imagen de una ciudad exclusiva a otra más “democrática”. Algunos folletos adjudicaban a los paseos costeros tanto la capacidad de “empalidecer el recuerdo de la calle Florida, el clásico paseo de los porteños” cuanto el de “regalar encantos cuasi míticos o de leyenda”.[11] Estas propuestas fueron alcanzando gran repercusión entre los potenciales veraneantes, consecuencia asistida por las innovaciones en la arquitectura para el hospedaje y para los encuentros mundanos.

Una de las formas ideadas para generar la evolución de los diferentes emprendimientos,  se gestó a partir de la concreción de una serie de campañas publicitarias en distintos medios.      El sentido de la nueva imagen de la ciudad será “mostrar” la modernidad,[12] la vida en espacios transformados y la multiplicidad de formas de acceso a la costa. La villa balnearia emprende su renovación y se impulsan las diversas intervenciones que arquitectos y urbanistas se encargarán de dar forma. En poco tiempo se completa la operación madurada y comienzan las acciones para promocionar el sitio: unas a partir de las gestiones privadas y otras, desde la Intendencia.

Las gestiones privadas

Es el momento en que se gesta la participación de la Asociación de Propaganda y Fomento de Mar del Plata,[13] cuyos móviles preparan la idea de concretar una ciudad como centro de veraneo, para todos los que quieran tomar su tiempo de descanso en un balneario de mar. Esta entidad, con una sede en Capital Federal y otra en Mar del Plata, desarrolla su actividad entre 1928 y 1950.

La identificación de la asociación se resuelve con un logotipo que retoma modelos gráficos consagrados porque, para tal fin, se apela al escudo, recurso visual de la heráldica, en el que se advierte una resolución convencional tipográfica que no jerarquiza ni refuerza ninguna de las palabras que conforman el círculo central. Como sostén de la imagen se selecciona el sol cuya forma se fortalece con el uso del color amarillo. En su interior un escudo en blanco y negro contiene nuevamente otro sol y una nave a vela sobre olas regularmente diseñadas, signos que identifican al lugar con el mar. En esta pieza gráfica, la playa o la idea de balneario, no están presentes y, en cambio, se hace explícito el deporte náutico en una ciudad frente al mar.

Para concretar las primeras iniciativas de la entidad, que pretendían fomentar la llegada de más visitantes, se planificaron diversas propuestas como conciertos, conferencias, festejos, reuniones y certámenes deportivos; todas actividades promocionadas a través de volantes y afiches. También se elaboró un proyecto para la  construcción de escolleras, la habilitación del tráfico de ultramar y cabotaje en el puerto local y se gestionó la finalización del último tramo de la Ruta nacional nº2 entre la ciudad de Dolores y Mar del Plata. Asimismo, se promovió un estudio sobre el futuro desarrollo del balneario y se logró, por un lado, que otra institución, la Comisión Pro-Mar del Plata,[14] contratara al urbanista y arquitecto Werner Hegemann[15] para pronunciar una conferencia en el teatro Odeón de la ciudad y, por el otro, que la Asociación lograra que el ingeniero y urbanista Carlos M. della Paolera[16] dictara tres conferencias acerca de la necesidad de lograr un plan orgánico y científico para la ciudad.

Más tarde, en 1933, se materializó un pabellón de turismo en la Exposición de la Unión Industrial Argentina, realizada en las instalaciones de la Sociedad Rural de la Capital Federal, lugar en el que se distribuyeron 200.000 folletos que documentaban las características de la ciudad, el clima y las comodidades del balneario, además de la participación de empresas hoteleras con notas gráficas publicitando sus servicios.

La idea de escoger las vacaciones en Mar del Plata, estuvo acompañada por la toma de conciencia acerca de los perjuicios de carácter económico que podía traer aparejado el veraneo en otros destinos u otros países que, sin duda, se perfilaban como competencia. Para hacer explícita la estrategia elaborada para garantizar el alojamiento, otra entidad, la Acción Colectiva Turismo Mar del Plata[17] conformada por hoteleros, apeló al slogan “No exporte el oro- Para veranear Mar del Plata”, contenido que interpelaba al veraneante demostrándole que sus erogaciones en el exterior le restaban sumas importantes a la economía argentina. 

Las gestiones desde la Intendencia

Paralelamente a las acciones privadas, el municipio implementaba propagandas y reconocía el valor del trabajo de estas instituciones. Por este motivo, desde el Boletín Municipal, comunicaba los diferentes emprendimientos concretados y apelaba a los ciudadanos a colaborar con las entidades de fomento. Con el fin de incorporarse al trabajo iniciado, se promueven dos acciones:

a) creación de la Junta Municipal de Iniciativa

b) mejoramiento del transporte público de larga distancia

Esta entidad se conformó a través de una comisión encargada de gestionar estrategias que garantizaran el éxito de cada temporada balnearia. Se gestó desde el municipio dado que, en su propia estructura administrativa, se advierte la ausencia de algún organismo de turismo que encauzara las diligencias del gobierno local.

El decreto que formalizó la Junta reconoció, como primer paso, la importante labor de propaganda y fomento realizada por diversas instituciones privadas.[18] En su articulado, se contemplaban como miembros activos a un representante de la Asociación de Propaganda y Fomento; uno de la Comisión Pro-Mar del Plata; un socio por cada club social de la ciudad; un representante de la Empresa del Ferrocarril del Sud; un socio del Club General Pueyrredon; un representante de la Acción Colectiva Turismo Mar del Plata y un miembro del Honorable Concejo Deliberante. Determinaba que el funcionamiento de la Junta debía realizarse en el palacio municipal, bajo la presidencia del Señor Intendente, pudiendo sesionar con tres de sus miembros. Dentro de sus atribuciones, se promovían diversas iniciativas vinculadas con la idea de propagar las características de las playas y la mejora de la estadía de los diversos veraneantes.[19]

Como logotipo de la institución, se diseña una imagen que sintetiza el mar, una nave a vela y una gaviota en pleno vuelo a través del uso del contraste de color y la posición diagonal en el campo visual. En este caso, la tipografía resalta la palabra Mar del Plata y diferencia el segundo plano de lectura que implica a la Junta Municipal de Iniciativa. Es una propuesta más moderna, con filete y cuadrante que se ajustan a un uso explícito de la geometría y el color plano.

Tanto el logotipo de la Asociación de Propaganda y Fomento como el de la Junta Municipal de Iniciativa deciden su imagen representativa a través del mar y de la recreación náutica y deportiva. El papel protagónico no lo ejerce la idea de balneario sino el planteo de opciones para aquellos visitantes que prefieran los encuentros sociales.

b) mejoramiento del transporte público de larga distancia

Siguiendo una iniciativa del Intendente municipal y auspiciado por el Automóvil Club Argentino (A.C.A) llega a la ciudad, el día 10 de febrero de 1934, para los 60 años de la fundación de Mar del Plata, el primer ómnibus pullman[20] que había partido desde Buenos Aires con 16 pasajeros y que fueron recibidos por una Comisión vecinal en Camet.[21] Para asistir el recorrido del vehículo, el A.C.A enviaba partes telefónicos a la central de la capital, cada vez que el pullman pasaba por las casillas de auxilio instaladas en la ruta hacia la ciudad balnearia. Los pasajeros almorzaron en Maipú (aproximadamente a 120 km de Mar del Plata), llegando a destino luego de 8 horas y 5 minutos de viaje.

Otra propuesta estaba orientada al mejoramiento de la prestación de servicios del ferrocarril, específicamente pensando en los costos y frecuencias. La preocupación desde la intendencia local se fundaba a partir de los pasos iniciados por la vecina república del Uruguay que había generado un plan orgánico de propaganda para hacer conocer sus playas, las viviendas de veraneo, los caminos que conducían a localidades de su entorno junto a la posibilidad de contar con un viaje a costo reducido. Además, se había pavimentado el camino Colonia-Montevideo e inaugurado el servicio de Ferriboat a Colonia, medidas que permitían el desplazamiento de turistas, desde Buenos Aires, con comodidad y con una diversidad de opciones desde lo económico.

Estas ofertas novedosas y atractivas desarrolladas en el país vecino y la innegable proximidad con la Capital Federal, movilizaron con rapidez a las autoridades y comisiones marplatenses para abordar propuestas que incentivaran y recuperaran la concurrencia de visitantes hacia las playas argentinas. Por esta razón, apelaron a la participación de la empresa Ferrocarril del Sud y sometieron a la consideración del gerente el estudio de algunas modificaciones en los horarios y costos del pasaje a Mar del Plata. Para concretar las medidas, se resuelve que la diferencia de precios solicitados  podía compensarse con la mayor venta de pasajes y el fomento del viaje diurno, iniciativa que evitaba los gastos que demandaban las salidas nocturnas con coche-dormitorio. Cada una de las ideas fue conformando un proyecto sistemático con vistas a un largo plazo.

Acciones para un cambio de imagen

En torno a los inicios de la temporada 1931-1932, la Asociación de Propaganda y Fomento, junto con la Municipalidad, organizó un concurso abierto de afiches para la difusión de una imagen de la ciudad definida como balneario y lugar de esparcimiento. Más de cien dibujantes participaron con diferentes trabajos que fueron expuestos en el Salón Witcomb de la Capital Federal. Emilio Centurión[22] ganó el Primer y Segundo premio y los 15.000 afiches impresos con sus imágenes se distribuyeron en espacios públicos destacados del interior y de la Capital Federal.

Imagen 3: Primer Premio 

El Primer Premio (Imagen 3), propone la figura de una mujer que lleva un niño de la mano en actitud de mostrarse en la playa, con el mar como fondo y la posibilidad de recreación que ambos componen. Las formas planas de los personajes hablan de un proceso geometrizante, con la manifiesta intención de usar un lenguaje moderno y vanguardista en un espacio sin profundidad, que favorece la claridad de lectura de la escena en la playa. Se lee “Temporada 1932 – Mar del Plata El Gran Balneario”.

El diseño construido se representa a través de algunas prácticas significativas en la playa que dan ingreso a las representaciones sociales que sustentan los modos de atraer, más que a un individuo, al grupo de pertenencia. La presencia de niños transparenta una participación positiva porque traduce el concepto de familia y los beneficios que implican tomar las vacaciones en el mar. Es una representación que enfatiza la dependencia y protección que el niño requiere, especialmente de la madre quien, además, concreta los proyectos para los veraneos y procura la satisfacción de los deseos infantiles. Así, los niños se muestran como referentes con valores positivos y la infancia como una categoría social que puede colectar a los mayores[23] quienes se constituyen en potenciales veraneantes.

Imagen 4: Segundo Premio 

El Segundo Premio (Imagen 4), apela a una composición más compleja y dirigida a un destinatario adulto ya que reúne varias prácticas superpuestas visualmente y en el orden siguiente: pesca, golf, juegos de azar (ruleta), tiro a la paloma y náutica. Se recurre al uso de una hipérbole, sobredimensionado la forma del pez en relación con las representaciones del resto de las prácticas promovidas. Se privilegia, así, la pesca a la náutica, cuya presencia, materializada a través de un velero, se la ve desestimada. Si bien se lee “Temporada 1932” y hay presencia de mar, se completa la idea con una leyenda “Para veranear Mar del Plata”, tomando distancia de la idea de balneario que compone el afiche anterior. Las dos propuestas ganadoras, presentadas por el mismo diseñador, se enlazan y complementan para lograr captar la atención de un público significativo y heterogéneo.

Planteadas y materializadas estas consignas y luego de ser expuestas las piezas gráficas de las diferentes iniciativas en los espacios públicos, se comienza a trabajar el contenido vinculado con la idea “Mar del Plata, el gran balneario argentino y el más económico de Sud América”, con una expresa motivación: la de quebrar la leyenda irreal de la carestía de la vida en la ciudad. Siguiendo estos lineamientos, se difunden, mediante guías, las formas diversas de ocupar el tiempo en el balneario, con bajos costos y se sugiere disfrutar paseos en tranvías, ómnibus, “canastitas”[24] de autoconducción, coches de plaza y caballos de silla. Todas estas formas de esparcimiento anunciaban tarifas accesibles y, esencialmente, estaban dirigidas a quienes no tuvieran automóvil particular. Dentro de los anuncios, no podían estar ausentes los baños de mar y los servicios que incluían casilla, traje y cuidados en el agua a cargo de un bañero, precio que oscilaba entre $ 0.30 y $ 1.00 m/n. Junto a estas decisiones, se inició un trabajo orientado a poder abaratar los costos de traslado para quienes tuvieran recursos económicos limitados para hacerlo. Como resultado, el Ferrocarril del Sud planificó un servicio con tarifas reducidas y numerosas frecuencias de partida desde la Estación Plaza Constitución.[25]

Estos primeros intentos, de implementar un cambio en las formas de llegar al balneario, se verán complementados por un programa sistematizado y generado a través de tres instancias progresivas de promoción:

1 -  Una ciudad “agradable y económica”

2 -  Un viaje con  “boletos combinados”

3 -  Una estadía a “un paso” de todo

El plan cubría las expectativas de diferentes grupos: los de recursos económicos limitados; los que arribaban al balneario a través del uso de transportes públicos y aquéllos que lo hacían con medios propios. 

1- Una ciudad “agradable y económica”

En 1934, la Asociación de Propaganda y Fomento de Mar del Plata proyectó y lanzó una campaña publicitaria vinculada con la construcción de una imagen renovada de la ciudad. Para tal fin, la producción diseña dos folletos plegables con el lema “Mar del Plata veraneo agradable y económico”. A partir de esta idea, se propone la ilustración de una realidad elaborada con las atracciones consideradas relevantes para el posible viajero. La campaña se desarrolla con el mismo lema, diferentes modalidades de figuración y con campos significativos que respondían a la diversidad de gustos de los potenciales destinatarios.      

Imagen 5: Folleto Temporada 1934  

La primera propuesta (Imagen 5) se vincula con la práctica de la navegación a vela, junto a la que se muestra una vista con parque y vivienda que destaca en una loma y donde el mar no se perfila como protagonista para los baños sino como contexto para el deporte náutico. A pesar del planteo escrito en su interior, intentando democratizar la concepción del balneario, las imágenes reciben aún la impronta heredada de los grupos de elite que se refleja en la arquitectura y en las prácticas deportivas seleccionadas.

Imagen 6: Folleto Temporada 1934

La segunda propuesta (Imagen 6) está dirigida manifiestamente a los entusiastas de la vida en la playa, propósito evidente al seleccionar una bañista (con traje y gorra de baño) junto al mar. Esta primera lectura define el sitio como balneario y, para lograr propagar la idea de que Mar del Plata es la ciudad veraniega más hermosa de Sud América, se interpela a los potenciales turistas con un llamado sugestivo: “Visítela Ud. también – Prefiera su país para veranear”.

En ambas piezas gráficas, si bien fueron generadas para atraer a grupos ajenos a la elite, en el interior se deslizan contenidos que no resultan concordantes con la propuesta de partida y se advierten tramos escritos en los que se cuelan conductas distinguidas que aún vertebran las representaciones del balneario gestado desde y para la elite. Esto indica que algunas estrategias discursivas apuntan a comportamientos de grupos exclusivos y otras se incluyen en conductas populares. Se perfila, con debilidad, una transición hacia una ciudad para todos pero sin caracterizarla consistentemente.

2-  “Un viaje con “boletos combinados”

Un impulso innegable en la construcción de una propuesta más democratizante, lo concreta la letra del estatuto de la Acción Colectiva Turismo Mar del Plata[26] que, en su artículo 1º, define a la Institución, con sede en Mar del Plata, como una sociedad  para el desarrollo de la propaganda del balneario, orientada hacia la industria hotelera y el fomento del turismo. Es importante destacar que su tarea fue hacer conocer las características de las playas y gestionar, ante la empresa Ferrocarril del Sud, la emisión de “boletos combinados” que implicaban promover vínculos entre la empresa de transporte y los hoteles de la ciudad. Sólo podían participar, como socios, quienes formaran parte de sociedades o personas que ejercieran la explotación de hoteles situados en el balneario. Las categorías de los socios se relacionaban con la importancia de sus empresas; así, la Categoría Especial, fue creada para el Hotel Bristol[27] y los futuros establecimientos que alcanzaran similares condiciones de amplitud y selección de clientela. Luego se detallaban los modos de acceder a las siguientes cinco categorías[28] y el monto a pagar, en concepto de derecho municipal de inspección, acorde con el número de habitaciones y servicios ofrecidos. A partir de esta regulación, se advertía la tarea conjunta de la Asociación de Propaganda y Fomento, la Acción Colectiva Turismo Mar del Plata y el Ferrocarril del Sud.

La modalidad de “boletos combinados” marcaría una de las estrategias más eficaces logradas para tentar a más turistas. El Ferrocarril del Sud bajó los costos de los pasajes, medida que acompañó positivamente las propuestas de las asociaciones que emprendieron el programa conjunto.       ¿Cómo lograr la propagación de estas estrategias de viaje? A través de la inclusión de las condiciones en un folleto plegable con una importante distribución.

Imagen 7: Folleto Temporada 1937-38

Una de las primeras ideas se concretó para la Temporada 1937-38[29] (Imagen 7), donde se priorizaba la figura de una bañista, desplazándose sobre la arena, actitud que dejaba de lado una práctica no permitida entre las veraneantes de principios de siglo XX.[30] Las preferencias y prácticas sociales cambiaban y se manifestaban en la ilustración que invitaba, precisamente, a modificar las normas distinguidas y aceptar el goce de la arena húmeda bajo los pies. El enunciado del folleto hacía hincapié en las cualidades de modernización que esgrimía Mar del Plata y que se revelaban en las muestras de higiene, alumbrado, transporte y comodidades en su equipamiento. Los contenidos vinculados con las condiciones de compra y costos de los boletos combinados se expresaban en el interior del folleto, es decir en un segundo tiempo de lectura.

Imagen 8: Folleto Temporada 1940

Hacia 1940, el anuncio de los “boletos combinados” (Imagen 8) que en la anterior campaña figuraba en su interior, pasa a ser protagonista del primer tiempo de lectura. El lema del balneario “Mar del Plata al alcance de todos con boletos combinados” se traslada a la tapa del folleto. La nueva modalidad de viaje es el factor sustancial de la imagen moderna de la ciudad y se expresa con una tipografía más informal, con algunas líneas manuscritas y con el propósito de establecer un diálogo entre la figura femenina anunciante de la novedad y los lectores. Así, los caracteres distinguidos de la mujer de la Imagen 7 serán transformados en otros (Imagen 8), caracterizados por su aspecto más informal y despreocupado.

Los boletos combinados se vendían desde el 1º de diciembre al 8 de enero y del 1º de marzo al 30 de abril y comprendía pasaje de primera, ida y vuelta, en todos los trenes diurnos, nocturnos (sin cama) o rápidos. Es importante advertir que la temporada comprendida entre el 9 de enero y el 28 de febrero, entendida como el tiempo de mayor afluencia de visitantes, no permitía la emisión de estos boletos. Con respecto a los servicios de hotel se ofrecía, en todos los casos, hospedaje y pensión completa (desayuno, almuerzo y cena). Los niños hasta tres años viajaban sin boleto y correspondía el pago de ½ pensión al hotel. Hasta los 8 años viajaban con boleto combinado completo y el hotel reembolsaba el importe de la ½ pensión. Los maestros podían solicitar un plan de veraneo con pago por mensualidades. El folleto anunciaba los precios de las seis categorías entre las que se incluía una séptima, la Categoría Especial (bis), en la que se incorporaron tres nuevas empresas (Hotel Hurlingham, Nogaró y Royal)  sin modificar la categoría Especial que siempre mantuvo con exclusividad el Hotel Bristol.

En la ilustración de los dos folletos aparece la mujer como encargada de atraer a quienes, en casi todas las oportunidades, deciden el momento y el lugar de descanso. El único indicador que expresa ese reconocimiento, es la preferencia, el cambio de conducta del turista y su posterior arribo a Mar del Plata. Una lectura cuantitativa[31] permite la verificación de los resultados:                                                         

Ingreso de pasajeros                                      

Temporada

Total pasajeros

Automóvil

Ómnibus

Tren

     1920-1921         40.370
     1930-1931         65.010
     1935-1936       121.276   22.792       18.7% 12.876        10.6%   85.598      70.5%
     1940-1941       376.893 197.366       52.3% 58.980     15.6% 159.947      42.4%

Fuente: Elaboración con base en estadísticas municipales.

Si comparamos la temporada 1920-1921 con la de 1935-1936, es posible observar que se triplicó la llegada al balneario de turistas a través de los diferentes medios y que de los 121.276 pasajeros, el mayor porcentaje lo hace a través del tren, medio que participaba del boleto combinado. Estos porcentajes se modifican para la temporada 1940-1941 en la que llegan 376.893 turistas y donde el 52.3%  lo hace en automóvil particular. Estos últimos datos confluyen a visualizar que la llegada de visitantes, a través de sus propios medios, se vio incrementado porque se concretó el pavimento de la Ruta nacional nº2, inaugurada en 1938; se implementaron frecuentes puestos de aprovisionamiento de nafta y lubricantes en el trayecto y, específicamente, se promovió el acceso a la compra del auto particular. 

3 - Una estadía a “un paso” de todo

“Como una joya, fina y cuidadosamente trabajada, Mar  del Plata luce brillantemente su esplendor, con la singular ventaja de que lo tiene todo a un paso”.[32]

El slogan creado para la campaña “Mar del Plata lo tiene todo a un paso”, pertenece al conjunto de operaciones generadas a partir de concebir la ciudad como la portadora de las comodidades más “modernas” de la costa del Atlántico. Es por eso que se proyecta el balneario como capaz de satisfacer todas las demandas y permitir que el tiempo dedicado al esparcimiento sea especialmente ideal y aprehensible. Se garantiza, a todos los turistas, un acceso fácil a cada plan organizado, mostrando que los atributos conquistados por el balneario responden al acelerado ritmo de progreso y a las respuestas materiales que se traducen en sus construcciones urbanas.    

Imagen 9: Folleto Temporada 1944

En la propuesta de la siguiente campaña (Imagen 9), se destacan las figuras de tres jóvenes conversando, vestidos informalmente y con trajes de baño, en una terraza alta que les permite visualizar un panorama abarcador de las instalaciones de playa Grande,[33] resueltas con el nuevo lenguaje que defendían los arquitectos de la modernidad. El recurso de trazar el horizonte bajo en la ilustración, favorece la lectura del lugar como un espacio que se lo puede recorrer y aprehender con unos pocos pasos. La bahía de la playa  se la ve contenida dentro del marco en el que se desarrolla el afiche. Desde la ciudad balnearia en plena transformación, se hace un llamado explícito a los jóvenes, considerados como los encargados de aportar un entusiasmo renovador. Estas determinaciones expresan vínculos con los reductos más exclusivos de la costa, aquéllos que prefieren playa Grande y una indudable distancia con los grupos más populares que se instalaban en las playas del centro.

Imagen 10: Folleto Temporada 1944

Con respecto a la última propuesta de análisis (Imagen 10), se resuelve sobre un plano de arena que le sirve para generar el slogan con el mismo material, cualidad y textura visual que refuerzan el contenido de estar en la playa. Todas las invitaciones deportivas y de recreación se encuentran dentro de la huella que reproduce el contorno y el sentido de un paso; maniobra retórica que se traslada a cada pieza gráfica de la campaña.

“Mar del Plata lo tiene todo a un paso” también se resolvió a través de una publicidad a página completa que apareció en diarios nacionales y extranjeros, como el Buenos Aires Herald,[34] página que definía la ciudad como un lugar con playas que permiten el “dolce far niente”, la práctica de deportes al aire libre y el goce de la vida mundana; una ciudad cosmopolita y un balneario incomparable que tiene todo a muy poca distancia. Estos enunciados no dejaban de evocar los beneficios curativos del aire marino, el vigor que estimulan los días bajo el sol y la renovación de energía que resulta de una estadía en el balneario. Por otro lado, se completa este sentimiento de bienestar con la posibilidad de visitar los diferentes ámbitos no sólo de la ciudad sino, también, del entorno regional como las lagunas y sierras de Balcarce o Tandil. Como cierre de estas ofertas atractivas, el texto se dirige explícitamente al lector y llama su atención tentándolo con la idea de ser protagonista de la próxima temporada: “Ud. no puede faltar”.

Hacia 1945, la Asociación de Propaganda y Fomento publica una nueva guía sintética en la que aún se sostiene la imagen de la huella de una pisada y el slogan  “¡Mar del Plata lo tiene todo a un paso!”, indicio que prueba la pertinencia y la eficacia sostenida en el tiempo de la promoción concebida. Posteriormente, desde el Estado, se concederán las vacaciones pagas, entendiendo al descanso como una necesidad que será complementada con la construcción de lugares para campamentos y colonias como modo de facilitar el desplazamiento de los trabajadores. Así, el turismo no será un simple arbitrio del privilegio, sino una experiencia beneficiosa  para todos.

Consideraciones finales

La imagen de la ciudad, como artefacto visual, tiene una injerencia creciente en los modos del conocimiento urbano gestados desde los estudios de la Cultura Visual. En esta propuesta, la imagen jugó como herramienta de trabajo y como otra forma de acceder al análisis de los cambios y transformaciones pensadas para un lugar de veraneo que fuera accesible, progresivamente, a más turistas.

Así, se ha podido percibir, desde cada una de las campañas imaginadas, el declive de una villa elitista y los inicios de un proceso modernizador promovido por políticas generadas en torno a la idea de democratizar el balneario. La gestión municipal, los empresarios particulares y las asociaciones locales propulsaron una obra de propaganda y fomento de la ciudad y del balneario. Para alcanzar estos objetivos, entendieron que no bastaba sustentar una ciudad a través del llamado de los turistas sino que era necesario, también, consolidar las formas de arraigo a la vida veraniega, el embellecimiento urbano, la materialización de nuevos espacios para los encuentros sociales, el divertimento y la conquista de un alojamiento accesible a grupos con diferentes recursos económicos. Y fue la imagen, en sus diferentes soportes, quien acompañó estas estrategias portadoras de las nuevas políticas turísticas.

Con respecto a las expresiones visuales, cargadas de significados, han permitido la construcción de procesos propagandísticos y la satisfacción de las expectativas y deseos de diferentes destinatarios. Como resultado, las piezas gráficas diseñadas consolidaron la propulsión necesaria para la difusión de las transformaciones culturales gestadas en busca de lograr la atracción de más viajeros. Y la publicidad analizada, como reservorio de experiencias de un pasado turístico, resultó un terreno privilegiado para la interpretación de los mecanismos de producción de sentido y una actualización de los cambios producidos en las operaciones turísticas implementadas. Por otro lado, las diferentes lecturas realizadas por los potenciales visitantes de la ciudad, permitieron conocer los mensajes pensados y orientados a manifestar, explícitamente, que el supuesto mundo inalcanzable del balneario, ahora podía verse transformado en un destino familiar y accesible.

Posicionados en este contexto, se interpretaron los contenidos que dieron orientación a la propaganda/publicidad y, a su vez, a las modalidades de construcción de la imagen moderna del balneario. Las imágenes resultaron otra forma de conocimiento de la realidad porque jugaron un papel importante en el enriquecimiento de las experiencias de los nuevos visitantes. Por otro lado, configuraron  un medio para activar la memoria histórica y para el reconocimiento de los distintos procesos transformadores que perfilaron las modalidades renovadas de acceso a la ciudad. De allí que, si todo poder gestiona una serie de ideas y necesita de una imagen que lo represente y legitime, ver al balneario como un lugar accesible, se volvió un instrumento simbólico de dicho poder.                                                    

Bibliografía

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[1] El establecimiento se constituyó en el centro obligado de la estación estival “cuyas dependencias semejaban una especie de ciudad”. Apreciaciones del cronista de El Diario (1908). Mar del Plata, Edición extraordinaria.

[2] “Notas del Bristol. El más grande Hotel de la América del Sud. Sus dependencias” en El Diario (1908). op. cit.

[3] Se acude a las representaciones sociales porque permiten conocer cómo un grupo construye las explicaciones de su realidad y cómo cuenta con un marco interpretativo relacionado con el mundo simbólico en el que se incluye. Cf. MOSCOVICI, Serge (1986). Psicología social. Vol. 2, Pensamiento y vida social. Psicología social y problemas sociales, Barcelona, Paidós; JODELET, Denise (1986), “La representación social: fenómenos, concepto y teoría”, en MOSCOVICI, Serge, op. cit.

[4] Cf. VERÓN, Eliseo (1993). La Semiosis Social, Barcelona, Gedisa; AUMONT, Jacques (1996). La imagen, Barcelona, Paidós; MARIN, Louis (1993), Des pouvoirs de l’image, Paris, Seuil; VERÓN, Eliseo (1985). “El análisis del “Contrato de lectura” un nuevo método para los estudios de posicionamiento de los soportes”, en Les Medias: Experiences, recherches actuelles, aplications, Paris, IREP; VERÓN, Eliseo (1993). “Espacios públicos en imágenes. De la imagen semiológica a las discursividades. Los tiempos de una fotografía. La derivación estructuralista”, Traducido por Julián Gorodischer, París, Universidad de París VIII.

[5]  “Al hablar de la fiesta se dice que es “el primer cotillón de la temporada”, pues es de rigor que haya varios, escalonados hasta después de Carnaval”. Cf.  BRAVO y TABOADA, Luis (1930). Notículas de un cronista, Buenos Aires, Librería Suiza Federico Schweizer, p. 13.

[6] Las acciones del partido en Mar del Plata se pueden consultar en ZUPPA, Graciela (2001). “Estrategias populares para el “reducto aristocrático”, en: CACOPARDO, Fernando.¿Qué hacer con la extensión? Mar del Plata, ciudad y territorio siglos XIX y XX, Madrid-Buenos Aires, Alianza Editorial, pp. 101-126.

[7] Cf. CACOPARDO, Fernando; PASTORIZA, Elisa y SÁEZ, Javier (2001). “Playa Grande: artefactos costeros, arquitectura, política y sociedad entre 1930 y 1940”, en CACOPARDO, Fernando, ¿Qué hacer con la extensión? Mar del Plata, ciudad y territorio siglos XIX y XX, Madrid-Buenos Aires, Alianza Editorial, pp.127-157.

[8] Las primeras instalaciones de la ciudad lo hacen en torno a una costa recortada limitada al norte por playa La Perla y al sur por Punta Mogotes. Entre estos márgenes se encuentran las playas Popular, Bristol, de los Ingleses, Chica y Grande.

[9] Punta Mogotes se encuentra sobre una barranca hacia el sur de la ciudad y a poca distancia del cabo Corrientes. Se trata de un pequeño promontorio que se desliza dentro del mar y que es parte del sistema orográfico de las sierras del centro de la provincia de Buenos Aires, llamado Tandilia. La zona está formada por pequeños cerros aplanados, sin puntas, que se los llama mogotes, de allí su nombre. Originariamente la zona se llamaba “Lobería grande” por las colonias establecidas de lobos marinos. Hacia 1934, se inicia la construcción del camino costero hacia el faro, una de las pocas atracciones turísticas de estas costas, gestión que incentiva el establecimiento de las primeras familias. A partir de 1937 se acelera su poblamiento y urbanización con la apertura de algunos hoteles. Cf. CICALESE, Guillermo (2002). “Conflictos políticos, enredos jurídicos y negocios de verano en torno de las playas marplatenses. La geografía política de la ribera entre 1874 y 1976” en: PASTORIZA, Elisa. Las puertas al mar. Consumo, ocio y política en Mar del Plata, Montevideo y Viña del Mar, Buenos Aires, Editorial Biblos, 133-165.

[10] Edificio donado a la ciudad por Ernesto Tornquist en 1904. Apela a un lenguaje formal neo-medieval y se ha erigido en una de las imágenes simbólicas de la ciudad.

[11] Textos del folleto que el Ferro Carril del Sud (F.C.S) distribuyó para la temporada 1935-1936.

[12] “La modernidad expresa siempre la conciencia de una época, con contenidos cambiantes, que se pone en relación con la Antigüedad para concebirse a sí misma como resultado de la transición de lo antiguo a lo nuevo”. Cf. HABERMAS, Jürgen (1989). “Modernidad: un proyecto incompleto” en: CASULLO, Nicolás (ed.). El debate modernidad pos-modernidad,  Buenos Aires, Editorial Puntosur, 131-144.

[13] Consultar  “Declaración de Principios” de la Asociación de Propaganda y Fomento en Apéndice.

[14] Comisión conformada entre 1920 y 1940 “que, a modo de contrapoder (de la gestión socialista) concentró a las personalidades más importantes, tanto locales como veraneantes”, cf. CACOPARDO, Fernando (1997). “Aspectos materiales de una Mar del Plata “apócrifa”, en CACOPARDO, Fernando. Mar del Plata, Ciudad e Historia, Madrid-Buenos Aires, Alianza Editorial S.A., pp. 91- 133.

[15] Arquitecto y urbanista que publica entre 1911 y 1913 los resultados de la experiencia del Plan Regional del Gran Berlín, con gran influencia en el desarrollo del pensamiento urbanista moderno. Comisión Pro-Mar del Plata. Mar del Plata. El balneario y el urbanismo moderno (1931). Buenos Aires, Talleres Gráficos Argentinos L. Rosso.

[16] Ingeniero graduado en París y urbanista en la Universidad Nacional de Buenos Aires; Director técnico del Plan de Urbanización de Buenos Aires. La municipalidad de Gral. Pueyrredon publica en su Boletín Municipal el memorial de dicho plan con los fundamentos en adhesión a la iniciativa desarrollada. Boletín Municipal, Año XI, Nº 74, octubre/diciembre, 1934. Las tres conferencias se publicaron en la Memoria Administrativa (1931-1932) de la Asociación de Propaganda y Fomento Mar del Plata.

[17] Institución constituida en 1935 por 90 hoteles y a cargo de una Comisión Directiva cuyo mandato duraba dos años, debiendo ser renovada por mitad cada año. Cf. Estatuto de la Acción Colectiva Turismo Mar del Plata (1935) en Apéndice.

[18] Decreto de creación de la Junta Municipal de Iniciativa, 2 de enero de 1934, Boletín Municipal (1934). Año XI, Nº 72, primer trimestre. Puede consultarse en Apéndice.

[19] Ibídem, Artículo Nº1.

[20] Palabra que evoca una época exitosa del ferrocarril americano e inglés, tiempos en que se atraían las miradas y aumentaban las demandas de pasajes por el confort ofrecido en sus coches camas, salones y restaurant. Por traslación, se habla de pullman al hacer referencia a un ómnibus con buen servicio. Cf. AA.VV (1998). El mundo de los trenes, Madrid, Ediciones del Prado S.A.

[21]La comisión estaba integrada por el Intendente municipal, el presidente de la Asociación de Propaganda y Fomento, el representante de la Acción Colectiva-Turismo Mar del Plata, representantes de diarios locales y vecinos. Boletín Municipal (1934). Año XI, Nº 72, primer trimestre, p. 89.

[22] Pintor. Nace en Buenos Aires el 14 de julio de 1894 y muere en la misma ciudad el 26 de diciembre de 1970.  A la edad de 16 años comienza su formación plástica con el maestro Gino Moretti que completará y profundizará posteriormente en repetidos viajes de estudio por Europa y Sudamérica. Incorpora el lenguaje de los cubistas y abstractos, metodología que lo lleva a elaborar su obra a través del uso de la geometría y distintos planos sin profundidad.

[23] “La infancia se define como una categoría social distinta de la sociedad  adulta, caracterizada por su “aún no” competencia, capacidad, responsabilidad, fiabilidad, conocimiento”, cf. CASAS, F. (1998), Infancia: perspectivas psicosociales, Barcelona, Paidós, citado por GÓMEZ ESPINO, Juan Miguel y BLANCO LÓPEZ, Juan, “Los niños en la publicidad. Una propuesta de categorización de las representaciones sociales sobre la infancia en los anuncios televisivos” (versión digitalizada).

[24] Se trata de carruajes construidos en mimbre y tirados por un caballo.

[25] Anuario Asociación de Propaganda y Fomento de Mar del Plata (1931-1932), Mar del Plata.

[26] Cf. Estatuto de la Acción Colectiva Turismo Mar del Plata (1935) en Apéndice.

[27] Establecimiento inaugurado en 1888 y demolido en 1944, centro obligado de la estación estival “cuyas dependencias semejan una especie de ciudad”. Apreciaciones del cronista de El Diario (1908).

[28] Las categorías debían reunir un número de habitaciones para alcanzar la calificación, para la A: 150 habitaciones; B: 50 habitaciones; C: 40 habitaciones; D: 25 habitaciones y E: 15 habitaciones. Cf. Art. 3º del Estatuto de la Acción Colectiva Turismo Mar del Plata en Apéndice.

[29] En esta temporada se contaba con cinco partidas de trenes hacia Mar del Plata desde Plaza Constitución: 8.20 – 8.30 – 13.50 – 18 – 23 y para la vuelta: 8.50 – 9.27 – 14.55 – 18.05 – 22.

[30] En la revista El Hogar puede leerse “ninguna señora que se preciara como distinguida, ponía sus plantas desnudas en la arena húmeda de la playa. Bañarse en el mar no era chic; quien lo hiciera, correría el grave riesgo de ver eliminado su nombre de las crónicas sociales”. Cf. “Las bañistas de Mar del Plata”, en Revista El Hogar (1923), Año XIX, Nº 697, p.24.

[31] Cf. PASTORIZA, Elisa; ZUPPA, Graciela (2004). “La conquista de las riberas. Política, cultura, turismo y democratización social. Mar del Plata (1886-1970)”, en Revista Trace, México, Nº 45, CEMCA, pp.93-109.

[32] Guía Rumbo al Sud (1943). Buenos Aires.

[33] Balneario parque situado en un terreno de 78.000 m2 con 25.000m2 cubiertos que responde a un orden académico, con lenguaje náutico y volumetría simple. Cf. CACOPARDO, Fernando; PASTORIZA, Elisa y SÁEZ, Javier (2001). “Artefactos y prácticas junto al mar. Mar del Plata: El camino de apropiación del sur, 1880-1940”, en  ARRUDA, Gilmar; VELÁZQUEZ TORRES, David.; ZUPPA, Graciela. Natureza na América Latina: apropriaçoes e representaçoes, Londrina, UEL, pp. 1-47

[34] Fundado en 1876 bajo la forma de un semanario se vuelve el preferido de los lectores angloparlantes de la Argentina. En sus páginas aparecen las propagandas de la ciudad que, también, se envian a las revistas Mayflower Travel Service In, New York; École Normale de L’État, Couvin, Belgique, a la Embajada Argentina en Río de Janeiro y a Kyoto, Japón.